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Mi Primera Lesión

Antes de iniciar debo agradecer A Dios, porque ya me encuentro mucho mejor, mi apoyo incondicional: mi madre, mi padre, mis hermanas y mi abuela que no para de llamar.

Los que me conocen saben que soy tímido, no soy de los que se paran frente a una cámara y narra los acontecimientos, quiero contarles algo que me paso.

Me encuentro en la cama aburrido y pensando que hacer, tomé un lápiz y un cuaderno porque quería relatar que se siente querer y no poder.
Mi primera lesión ocurre a los 14 años de edad, en uno de los momentos más esperados de todo deportista, una presentación en un equipo reconocido, unas finales nacionales en la ciudad de Barranquilla representando a mi institución y a mi departamento, tuve una temporada muy buena con mi equipo Chivas F.C de Yopal, donde aprendí y conocí lugares muy ‘vácanos’ como decimos popularmente.
Entrenaba a doble jornada, madrugando mucho porque quería dar todo de mí, esperando esa semana que la tenía catalogada como la clausura al esfuerzo deportivo del año.

Todo sucedió ocho días antes del viaje, donde por primera vez sentí lo que pudo experimentar unos de los grandes ídolos de Colombia, Falcao, quien se lesionaba y todos pensábamos en esa frustración y en el dolor que el sentía o como James Rodríguez se perdía la fase decisiva del Mundial debido a una lesión

PMIPRIMELESION

Ahí estaba yo, pasando uno de los dolores más grandes que no me dejaba pensar en las consecuencias.
Había caído en una salida para coger el balón y evitar el gol. Mis compañeros, muertos de la risa mirándome como me revolcaba en el suelo, pero unos minutos más adelante se dieron cuenta que no me levantaba y ahí si fueron a ayudarme y me estaban brindando el apoyo, yo no me dejé del dolor tan inmenso que tenía en el pie, me acuerdo que uno de ellos exclamó -¡mire su novia! y del dolor que tenía no puede pararme para observarla, luego de eso un amigo me ayudó a transportarme a mi casa, cuando llego a la casa encuentro a mi mamá afuera en una silla donde le dije -¡mamá me lastimé el tobillo!, ella se rió y no me creyó. Cuando bajé de la cicla y empecé a cojear mi mamá reacciona y me pregunta ¿qué le pasó? y le conté tal y como fue.

Ella, asustada y con un poco de rabia saca la moto y me lleva para el hospital donde me revisan, me sacan una radiografía y me diagnostican esguince, en ese momento pensé porqué me estaba pasando, no entendía, estaba asustado, mi corazón palpitaba más rápido; el doctor me dice que no podía jugar los partidos, mi mamá me resaltaba de mal humor -¡si ve por no hacer caso! Tenía presentación en un equipo muy importante dos días después tendría que viajar, se aproximaba el momento y mi tobillo nada que bajaba en la escala de dolor.
Noviembre 22, en la madrugada era el viaje, una gran experiencia acompañada de mis amigos, algunos de ellos era su primera vez en esa máquina con unos motores muy grandes que nos llevaría a representar a Casanare, se aproximaba nuestro primer partido el día siguiente donde nos fuimos rumbo al estadio Romelio Martínez, cuando llegamos al estadio todos mis compañeros se pusieron muy felices al ver ese escenario deportivo.

A mí me invadía la tristeza cuando sabía que no podía participar en ese encuentro ante un gran rival. Pitazo inicial, rueda la pelota, los nervios y la rabia me estaban consumiendo pero tenía que dar un ejemplo y general confianza a mis compañeros que estaban en la titular, era de apoyo a mi entrenador y desde la banca yo les decía -¡ojo no le demos espacios!
Cuando Santander hace su primer y único gol yo seguí animando a mis compañeros pero desafortunadamente perdimos. Que gran partido, sudaron la camiseta y lo dieron todo pero desafortunadamente no se alcanzó lo que se quería.
Al final, no voy a negarlo, fue un excelente viaje: playa, brisa y mar.

Ya eso quedó atrás, hoy sigo aquí en mi cama recuperándome esperando el momento para iniciar las terapias y aprendí de una manera que jamás imagine. Son muchos sentimientos encontrados que ya hacen parte de un recuerdo y entendí que los errores hay que cometerlos para fabricar esa experiencia propia. Digo error porque ese día, si el día de MI PRIMERA LESIÓN tenía que estar en casa temprano y desobedecí a mi mamá.

Tengo una meta clara y es que seguiré luchando por mi sueño de algún día llegar a ser un profesional en el futbol. Me esforzaré mucho entrenando porque tengo claro que es lo que quiero, tengo claro que en mi vida primero esta Dios, mi familia, mis conocimientos y el fútbol.
No me queda más que agradecer a cada uno de mis amigos que han estado pendientes, la verdad no son muchos pero uno se da cuenta quien está en los momentos difíciles y se sabe agradecer de corazón.

POR: HAROLD STIVEN TORRES AMAYA

 

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